Cuando la economía se vuelve
impredecible
Cuando una economía se vuelve impredecible, los hogares, las
empresas y el Estado pierden la capacidad de planificar. Esa impredecibilidad
se expresa en escasez de dólares, inflación, déficit fiscal, menor inversión y
deterioro de las expectativas; no es un fenómeno abstracto, sino una crisis que
afecta directamente el empleo, los precios y el bienestar de la población.
¿Qué significa impredecibilidad económica?
La impredecibilidad económica es la situación en que los
agentes económicos no pueden anticipar con razonable confianza variables clave:
precios, tipo de cambio, disponibilidad de divisas, ingresos, empleo, impuestos
o políticas públicas. En condiciones normales, una economía puede crecer o
desacelerarse, pero conserva reglas relativamente estables; en una economía
impredecible, incluso las decisiones cotidianas (comprar alimentos, importar
insumos, contratar trabajadores o invertir) se vuelven riesgosas.
Este fenómeno se manifiesta en tres dimensiones:
·
Incertidumbre macroeconómica: inflación, déficit
fiscal, reservas internacionales y tipo de cambio dejan de ser estables.
·
Incertidumbre política e institucional: los
conflictos sociales, los bloqueos y la polarización política alteran la
producción, el transporte y la confianza.
·
Incertidumbre microeconómica: las familias no
saben cuánto costarán los alimentos o los servicios, mientras que las empresas
desconocen si podrán acceder a combustibles, dólares o insumos importados.
Las causas de la impredecibilidad
1. Dependencia de recursos naturales y caída del gas
Durante años, Bolivia financió gasto público, subsidios
energéticos y estabilidad cambiaria gracias a la renta del gas. Cuando cayeron
la producción y las exportaciones de gas, el país perdió una fuente central de
divisas y recursos fiscales.
El problema no fue solamente la caída del precio
internacional, sino la falta de diversificación productiva. Una economía que
depende fuertemente de un solo sector exportador es vulnerable: si ese sector
se debilita, caen las divisas, el ingreso fiscal y la capacidad del Estado para
sostener sus compromisos.
2. Déficit fiscal persistente
Acumulamos déficits fiscales consecutivos desde 2014,
después de un período de superávits asociado al auge de las materias primas.
Cuando los ingresos cayeron, el gasto público no se ajustó en la misma
proporción.
El resultado fue un desequilibrio estructural: el Estado
siguió financiando subsidios, empresas públicas y gastos corrientes con menos
recursos. Según un análisis del Growth Lab de Harvard, los déficits fiscales
habrían superado el 10% del PIB y el colapso de los ingresos por hidrocarburos
habría generado un déficit estructural cercano al 12% del PIB.
3. Escasez de divisas y crisis de balanza de pagos
La caída de exportaciones, el menor ingreso de dólares y el
uso de reservas internacionales para sostener el tipo de cambio fijo provocaron
una crisis de balanza de pagos. Cuando las reservas se agotaron, el mercado
oficial dejó de poder atender plenamente la demanda de divisas y surgió un
mercado paralelo del dólar.
Esto genera un círculo vicioso: la escasez de dólares
encarece las importaciones; las importaciones más caras elevan los costos de
producción; esos costos se trasladan a los precios; y la inflación reduce aún
más la confianza en la moneda local.
4. Inflación y pérdida del poder adquisitivo
La inflación es una de las consecuencias más visibles de la
impredecibilidad. En 2025, se registró una inflación superior al 20%, la mayor
del siglo XXI según análisis de coyuntura; para 2026, el Banco Central de
Bolivia proyectaba una inflación cercana al 9,22%.
Para los hogares de bajos ingresos, el efecto es
especialmente severo porque destinan una proporción mayor de su presupuesto a
alimentos, transporte y servicios básicos. Cuando los precios suben más rápido
que los ingresos, aumenta la pobreza, se reduce el consumo y se deteriora la
calidad de vida.
5. Conflictos sociales, bloqueos y pérdida de confianza
Los bloqueos y conflictos sociales agravan la inestabilidad
porque interrumpen el transporte, la producción, el comercio y el ingreso de
divisas. Se estima que los bloqueos habrían generado pérdidas superiores a
3.000 millones de dólares, con efectos sobre la recaudación tributaria, el
comercio y el empleo.
El daño más profundo es sobre las expectativas. Si
empresarios y consumidores anticipan bloqueos, falta de combustible o escasez
de dólares, posponen inversiones, reducen gastos y buscan protegerse en activos
como dólares, bienes durables o mercancías. Esa conducta defensiva puede
profundizar la recesión.
La recesión no afecta a todos por igual. Los trabajadores
informales, los pequeños comerciantes, los agricultores que dependen de insumos
importados y las familias con ingresos fijos son los más expuestos, porque
tienen menos ahorros, menos acceso al crédito y menor capacidad para protegerse
de la inflación.
El papel de las expectativas
La economía no funciona únicamente con recursos físicos o
políticas técnicas; también funciona con confianza. Cuando la gente cree que
los precios seguirán subiendo, adelanta compras; cuando las empresas creen que
no habrá dólares o combustibles, reducen producción; cuando los inversionistas
dudan de la seguridad jurídica, no comprometen capital.
Por eso, la impredecibilidad puede convertirse en una
profecía autocumplida: el miedo a la crisis provoca conductas que agravan la
crisis. Un consumidor que compra de más, un empresario que retiene divisas y un
inversionista que pospone un proyecto contribuyen, cada uno desde su escala, a
intensificar la escasez, la inflación y la desaceleración.
¿Por qué somos especialmente vulnerables?
Somos combinación de varias condiciones que amplifican la
impredecibilidad:
·
Alta dependencia de exportaciones primarias,
especialmente gas e hidrocarburos, cuya caída reduce divisas e ingresos
fiscales.
·
Baja diversificación productiva, que limita la
capacidad de sustituir exportaciones o generar nuevas fuentes de divisas.
·
Subsidios energéticos costosos, que protegen
temporalmente el poder adquisitivo, pero presionan el presupuesto público.
·
Rigidez cambiaria, que resulta difícil de
sostener cuando caen las reservas y aumenta la demanda de dólares.
·
Conflictividad social y polarización política,
que afectan la producción, el transporte y la confianza.
·
Alta informalidad, que reduce la base tributaria
y limita la capacidad del Estado para responder con políticas públicas
eficaces.
Posibles salidas y condiciones de estabilización
Una salida sostenible requiere combinar estabilización de
corto plazo con transformación productiva de largo plazo.
En el corto plazo
Ordenar las finanzas públicas, reduciendo gastos
innecesarios, mejorando la recaudación y priorizando el gasto social y
productivo.
Recuperar divisas, promoviendo exportaciones, reduciendo
restricciones al comercio exterior y facilitando el ingreso de divisas al
sistema financiero.
Garantizar suministro de combustibles e insumos, porque su
escasez paraliza transporte, industria y agricultura.
Reducir la conflictividad y proteger las rutas productivas,
dado que los bloqueos amplifican las pérdidas económicas.
Comunicar políticas claras y creíbles, porque la estabilidad
depende tanto de medidas técnicas como de la confianza de los agentes
económicos.
En el mediano y largo plazo
Diversificar la matriz exportadora, desarrollando
agroindustria, manufactura, minería con valor agregado, turismo y servicios.
Fortalecer la producción nacional de alimentos e insumos,
reduciendo la dependencia de importaciones sensibles al tipo de cambio.
Mejorar la productividad agrícola, mediante riego,
tecnología, crédito, almacenamiento y acceso a mercados.
Atraer inversión privada con reglas estables, seguridad
jurídica y previsibilidad regulatoria.
Reformar el sistema de subsidios, protegiendo a los hogares
vulnerables sin mantener subsidios generalizados que agoten recursos fiscales.
Fortalecer instituciones económicas, incluyendo
transparencia fiscal, gestión autónoma y creíble de la política monetaria, y
control de la corrupción.
Conclusión
La impredecibilidad económica no surge de un solo factor,
sino de la interacción entre agotamiento del modelo gasífero, déficit fiscal,
escasez de divisas, inflación, conflictos sociales y baja diversificación
productiva. Sus efectos trascienden los indicadores macroeconómicos: se
traducen en menos empleo, salarios debilitados, menor inversión, más pobreza y
pérdida de confianza en el futuro.
El principal desafío boliviano no es solamente estabilizar
precios o conseguir dólares; es reconstruir la capacidad del país para
planificar. Eso exige políticas creíbles, instituciones previsibles, paz social
y una estrategia de diversificación productiva que reduzca la dependencia de un
solo recurso natural. Sin previsibilidad, no hay inversión sostenida; sin
inversión, no hay empleo estable; y sin empleo e ingresos, la inestabilidad
social y económica tiende a reproducirse.
Lic. Pedro Hinojosa Pérez
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