Estrategia versus Ejecución
Es una frase que encapsula una verdad
fundamental en negocios, política, deportes y casi cualquier ámbito de la
planificación.
Estrategia
Una estrategia en el papel suele
ser lógica, coherente y optimista porque:
1. Se basa en supuestos
controlados. En el papel, el mercado reacciona como previsto, los recursos
están siempre disponibles y la competencia no innova. Es un entorno
"estéril".
2. Es racional y secuencial. Los
planes se dibujan como una serie de pasos lógicos (A lleva a B, que lleva a C).
No tienen en cuenta el caos, los imprevistos o la fatiga humana.
3. Carece de fricción. En el
papel, no hay retrasos en la comunicación, malentendidos, resistencias al
cambio o problemas técnicos inesperados. La teoría ignora la realidad
operativa.
4. La asume quien la crea. El
estratega conoce la idea a la perfección y ve su elegancia. El problema es que
luego debe ser ejecutada por personas que no estuvieron en esa sala.
Ejecución
La ejecución introduce la
variable más impredecible y crítica: la realidad.
1. Comunicación deficiente. Si el
equipo no entiende el "porqué" detrás de la estrategia, solo
ejecutará tareas de forma mecánica, sin adaptarse o innovar cuando sea
necesario. El mensaje se diluye en cada nivel de la jerarquía.
2. Falta de alineación y recursos.
La estrategia exige X, pero el departamento de finanzas no libera el
presupuesto, o el personal no tiene las habilidades necesarias. Hay una
desconexión entre la planificación y las capacidades reales.
3. Resistencia al cambio. Las
personas son criaturas de hábitos. Una nueva estrategia a menudo altera zonas
de confort, genera miedo e inseguridad, lo que lleva al sabotaje pasivo o a la
falta de compromiso.
4. Falta de seguimiento y métricas
Inadecuadas. No se miden los resultados correctos, o no se hace un seguimiento
constante. Un pequeño desvío al principio se convierte en un error catastrófico
al final.
5. Inflexibilidad. El mundo
cambia. La competencia lanza un nuevo producto, surge una crisis económica o
una nueva tecnología disruptiva aparece. Si la ejecución es rígida y no se
adapta, la estrategia, aunque fuera buena en su momento, se vuelve obsoleta.
6. Liderazgo débil en la ejecución.
Un gran estratega no siempre es un gran ejecutor. La ejecución requiere un
liderazgo constante, motivación, resolución de problemas en tiempo real y la
capacidad de tomar decisiones difíciles.
Cómo salvar la brecha entre estrategia
y ejecución
Existen varios pasos que
posibilitan la misma:
1. Involucrar a los ejecutores en
la planificación. Las personas que van a llevar a cabo la estrategia deben
tener una voz en su creación. Esto genera compromiso y aporta una dosis de
realidad desde el principio.
2. Comunicar, comunicar y
comunicar. No basta con un email. Hay
que explicar la visión, el propósito, los objetivos de cada uno y repetirlo
hasta la saciedad a través de múltiples canales.
3. Establecer metas claras y medibles.
Definir qué significa el éxito con números concretos. Esto permite un
seguimiento objetivo y saber si se va por buen camino.
4. Empoderar y dotar de recursos.
Asegurarse de que los equipos tengan la formación, el presupuesto, la
tecnología y la autoridad necesaria para ejecutar.
5. Crear una cultura de responsabilidad
y retroalimentación. Donde la gente se
sienta responsable de sus resultados y cómoda para señalar obstáculos y
proponer mejoras sin miedo.
6. Revisar y adaptar continuamente.
La estrategia no es un documento tallado
en piedra. Debe ser un "documento vivo" que se revise periódicamente
y se ajuste basándose en los resultados y los cambios del entorno.
En consecuencia, se puede
concluir que, una estrategia brillante en el papel es solo un potencial. Sin
una ejecución disciplinada, adaptable y bien liderada, se queda en eso, en una
buena idea. La ejecución no es solo "hacer lo planeado"; es la
capacidad de adaptar el plan a la realidad mientras se avanza hacia el
objetivo.
En el ámbito electoral
El ámbito electoral es un campo
de batalla perfecto para ilustrar esta máxima. La diferencia entre la victoria
y la derrota a menudo no está en el programa de gobierno (la estrategia en el
papel), sino en la maquinaria de campaña (la ejecución).
La estrategia en el papel (El plan
de campaña)
En el papel, toda campaña tiene
una estrategia que suena impecable:
1. El Mensaje central (relato). "Es
el momento del cambio", "La experiencia para seguir creciendo",
"Un futuro seguro". Es un eslogan potente y una narrativa coherente
que responde a los anhelos del electorado.
2. El objetivo electoral (Público
objetivo). Se identifican los segmentos de votantes clave: "debemos
movilizar a los jóvenes desencantados" o "convencer a la clase media
indecisa del distrito X".
3. La ruta de la victoria. Cálculos
sobre cuántos votos se necesitan y de dónde van a salir. "Ganaremos
sumando el voto rural y un 30% del voto urbano".
4. La agenda temática. Los 3-4
temas clave sobre los que se quiere debatir (economía, seguridad, salud) y que
juegan a favor del candidato.
5. El plan de medios y comunicación.
Una calendarización ideal de anuncios, entrevistas y actos públicos.
En teoría, este plan es sólido y
ganador.
Donde realmente se gana o se pierde:
La ejecución en la campaña
Es en la implementación diaria
donde las campañas se hunden o se coronan. Estos son los factores críticos de
ejecución:
1. Comunicación y disciplina de mensaje
Fallo
de ejecución. El candidato se desvía del guion. En una entrevista, habla de un tema polémico que no estaba en la agenda
y se convierte en el centro del debate,
enterrando su mensaje principal. Su equipo no es capaz de mantenerlo enfocado.
Éxito
de ejecución. Todo el equipo, desde el director de campaña hasta el último voluntario, repite los mismos 3 puntos
clave. El candidato es disciplinado y lleva cada
pregunta de vuelta a su mensaje central.
2. La maquinaria terrenal
(Operativo en el terreno)
Fallo
de ejecución. Tiene una meta de contactar 10,000 votantes por teléfono, pero los voluntarios no están bien
entrenados, los scripts son confusos, o el software
de llamadas falla. El "puerta a puerta" se hace sin criterio,
perdiendo tiempo en votantes de la
oposición.
Éxito
de ejecución. Una operación eficiente y masiva de voluntarios motivados y bien coordinados. Saben identificar votantes
afines, persuadir a indecisos y, lo más
importante, garantizar que sus votantes salgan a votar el día de las elecciones. La "operación cabina “es
un ejemplo clásico de ejecución pura.
3. Gestión de crisis y adaptación
Fallo
de ejecución. Surge un escándalo (una declaración torpe, un audio filtrado). La campaña tarda días en responder, da
explicaciones contradictorias o entra en pánico,
cambiando toda la estrategia de golpe.
Éxito
de ejecución. El equipo tiene un protocolo de crisis. Responde rápido, con una narrativa clara y unificada, y logra
contener el daño sin dejar que el escándalo defina
los últimos días de campaña. Se adaptan sin perder el rumbo.
4. Recursos y logística
Fallo
de ejecución. La estrategia dice "inundaremos la televisión la última semana", pero la campaña no recaudó
suficiente dinero y no puede pagar los espacios.
O se planifica un mitin masivo en una plaza, pero por mala logística solo llegan 50 personas, creando una
imagen de fracaso.
Éxito
de ejecución. La financiación se gestiona eficientemente, los recursos se asignan donde son más necesarios (ej.:
enviar más voluntarios a un distrito disputado)
y los eventos son impecables desde el punto de vista logístico.
5. Datos y retroalimentación en tiempo
real
Fallo
de ejecución. Se confía en encuestas de hace un mes. Mientras la campaña se centra en un tema, el electorado está
preocupado por otro completamente distinto.
No hay sistemas para medir el pulso de la calle en tiempo real.
Éxito
de ejecución. La campaña usa sondeos
internos, escucha activa en redes sociales
y feedback de los voluntarios para ajustar el mensaje o reorientar los esfuerzos. Si un tema no cala, lo
cambian. Si un distrito se está yendo, envían refuerzos.
En consecuencia, en periodos
electorales, los votantes no votan por el documento de estrategia que está en
la oficina central de campaña. Votan por lo que perciben: el candidato que ven,
el mensaje que escuchan y la conexión que sienten. Todo eso es pura ejecución.
Un plan mediocre ejecutado a la
perfección, siempre le ganará a un plan brillante ejecutado de forma mediocre.
Cuando se está en función de
gobierno
La frase "la estrategia no
falla en el papel sino en su ejecución" es quizás aún más crítica y
devastadora en la función de gobierno que en una campaña. En una campaña, el
error le cuesta votos; en el gobierno, le cuesta credibilidad, eficacia, y
afecta la vida de millones de personas.
La estrategia en el papel (El plan
de gobierno)
Esto es lo que se presenta a los
ciudadanos, usualmente en planes de desarrollo, discursos y promesas de
campaña. Suenan excelentes:
1. El plan nacional de desarrollo.
Un documento robusto, con diagnósticos precisos, objetivos loables
("reducir la pobreza en un 20%", "mejorar la calidad
educativa") y líneas de acción bien estructuradas.
2. Las promesas de campaña (Ahora
promesas de gobierno). "Construiremos 100 hospitales",
"crearemos 1 millón de empleos", "combatiremos la inseguridad
con X estrategia".
3. La visión de país. "Seremos
un país líder en energías renovables", "Tendremos el sistema de salud
más moderno de la región".
4. Los programas estratégicos. Se
diseñan programas sociales, económicos y de infraestructura con nombres
atractivos y una lógica impecable en el papel.
En teoría, estos planes son la
hoja de ruta perfecta para el progreso.
Donde realmente fallan: La ejecución
en el gobierno
La implementación choca contra la
compleja y dura realidad de la administración pública.
1. La burocracia y la inercia estatal:
La
falla. Un decreto o una ley se emite desde la oficina presidencial, pero para implementarlo debe bajar por múltiples
niveles ministeriales, regionales y locales. Cada
nivel añade trámites, interpretaciones, retardos y, a veces, resistencia activa
al cambio. Un proyecto que
en papel toma 6 meses, en la ejecución real puede tomar 3 años solo en aprobaciones.
2. La capacidad técnica y humana:
La
falla. La estrategia asume que hay funcionarios competentes y suficientes para ejecutarla. La realidad es que a menudo hay
falta de personal calificado, altísima rotación
(especialmente en puestos de confianza) y desmotivación.
3. La coordinación interinstitucional
(Los "silos"):
La
falla. Los ministerios y agencias gubernamentales actúan como feudos independientes ("silos"), sin
comunicarse entre sí. La estrategia requiere que el Ministerio de Educación, el de Salud y el de Desarrollo Social
trabajen juntos, pero cada uno tiene
sus propios presupuestos, prioridades y jefes.
4. Los recursos (Presupuesto y logística):
La
falla. La estrategia anuncia grandes obras, pero el presupuesto anual no las asigna completamente, o los fondos se
desvían, o hay recortes inesperados. Incluso
con dinero, la logística de compras públicas (licitaciones) es lenta y propicia corrupción.
5. La presión política y los ciclos
electorales:
La
falla. Las estrategias de largo plazo (que son las más importantes para un
país) se abandonan o descuidan por la
necesidad de mostrar "resultados rápidos" antes de las próximas elecciones. Se priorizan obras
visibles ("elefantes blancos") sobre reformas
estructurales menos glamorosas, pero más importantes.
6. La comunicación y la gestión
de expectativas:
La
falla. El gobierno no logra comunicar los avances, los desafíos o los cambios necesarios en la estrategia. La ciudadanía,
que esperaba resultados inmediatos según
lo prometido "en el papel", se desencanta rápidamente, minando la legitimidad y el apoyo social al
plan.
Consecuencias de una mala ejecución
en el gobierno
1. Descrédito de la política. La
gente deja de creer en las promesas y en las instituciones ("todos son
iguales").
2. Despilfarro de recursos públicos.
Se gastan millones en planes que nunca se concretan o lo hacen de forma
deficiente.
3. Costos sociales reales. La
falta de ejecución en salud, educación o seguridad se traduce en vidas
perdidas, oportunidades desperdiciadas y mayor desigualdad.
4. Parálisis del estado. El país
no avanza porque cada nuevo gobierno desecha los planes del anterior para empezar
los suyos propios, que a su vez no logran ejecutar.
¿Qué separa a un gobierno eficaz
de uno ineficaz?
No es la calidad de su plan de
desarrollo, sino su capacidad de ejecución:
ü
Liderazgo férreo: El presidente debe ser el
"director de ejecución", rompiendo silos y exigiendo resultados.
ü
Gestores públicos profesionales: Nombramientos
basados en mérito y capacidad, no solo en lealtad política.
ü
Sistemas de monitoreo y evaluación: Tableros de
control en tiempo real que miden el avance de los proyectos y permiten corregir
el rumbo rápidamente.
ü
Transparencia y rendición de cuentas: Comunicar
tanto los éxitos como los fracasos, y hacer responsables a los funcionarios a
cargo.
Consecuentemente, un plan de
gobierno es una declaración de intenciones. La gobernanza—el arte de ejecutar,
coordinar, gestionar y adaptar—es lo que transforma esas intenciones en
resultados tangibles para la gente. Sin ella, el plan más brillante se
convierte en un archivo PDF olvidado en un cajón gubernamental.
Lic. Pedro Hinojosa Pérez
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