lunes, 20 de mayo de 2013

PROBLEMÁTICA DE LA COCA Y SUS IMPACTOS


PROBLEMÁTICA DE LA COCA Y SUS IMPACTOS


PEDRO HINOJOSA

INTRODUCCIÓN GENERAL A LA PROBLEMÁTICA:

La producción de coca en Bolivia en las  tres últimas décadas ha superado con  un amplio margen la producción que tradicionalmente se destina a la masticación, usos medicinales, culturales y otros considerados lícitos en el país. Este tipo de demanda se estima que logra cubrirse con no más de 12.000 Has. de la producción de coca actual. El resto de la producción, es destinada a los procesos de transformación ilícito siendo por ello una producción articulada al narcotráfico  que asume características internacionales.

Tradicionalmente Bolivia ha sido productora de Coca en función de su demanda interna que estuvo alentada por el uso cultural de la población nativa y como mitigante para trabajos  de elevado esfuerzo físico como la minería.

A partir de la década de los 70 se empieza a observar un significativo incremento en la producción determinada por la creciente demanda de sus derivados de uso ilícito en los mercados negros internacionales. Paralelamente, la prolongada crisis económica que vivió el país desde finales de los años 70 hasta mediados de los 80, cuestiona la capacidad de la economía para generar empleo e ingresos generando un ambiente propicio para que un mayor número de personas, en particular de las áreas rurales y periurbanas más deprimidas, encuentren en  la producción de coca una  actividad por demás  rentable.

En estos años la ausencia de una política de estado para combatir las actividades ilícitas provenientes del Narcotráfico creó el ambiente propicio para el incremento de estas actividades cuyos efectos económicos, sociales y políticos pudieron haber comprometido a la nación en su conjunto.

Alrededor de 1988 Bolivia empieza a considerar en su agenda de acciones como uno de los temas prioritarios el combate al Narcotráfico, se diseñan algunas políticas claras y se establecen leyes para sancionar este tipo de actividades. En adición se comprometió  a la comunidad internacional en distintos  foros internacionales  para que brinden su apoyo en la lucha contra el narcotráfico.

Se debe reconocer que esta tarea no fue fácil; elementos externos e internos no permitieron cumplir con los propósitos de reducir y eliminar esta situación. Sin embargo en los últimos años se aprecia que las actividades de la coca y sus derivados tienen una menor significación económica que hacia finales de los años ochenta, pese a que la reducción de la producción de coca no alcanzaron los niveles deseados pero la acción de la lucha contra las redes del Narcotráfico permitió que la producción de coca destinada a fines ilícitos se redujera.

 Este comportamiento indujo a que una elevada proporción  de productores de coca a fin de compensar la reducción de sus ingresos se integren a las primeras fases de producción como la pasta base e incluso a la elaboración de cocaína, comprometiéndose de esta manera en actividades ilícitas.

IMPACTO ECONOMICO:

En 1988 la economía de la coca representaba el 8,5% del PIB se estima que en 1996 esta participación se redujo alrededor del 3.1% (de acuerdo a información de USAID para 1996 esta participación es de 1.4% como porcentaje del PIB) esta misma tendencia se observa en el significado que tenía las exportaciones de esta economía con relación a las exportaciones  de carácter legal, entre los años referidos, su participación se redujo del 87.3% de las exportaciones totales a 21.5% país,  la que queda es relevante por cuanto son estos recursos los que generan ingresos directos e indirectos y dinamizan el desempeño de la economía nacional, estos recursos como proporción del PIB han pasado de representar el 9.2 % en 1988 al 6 % PIB en 1996.

 Por su parte la producción de coca para actividades ilegales en el periodo ha tenido un comportamiento inverso con relación a los precios promedio de la hoja de coca.

 El valor agregado de los principales derivados de la coca, pasta base y clorhidrato, compuesto por salarios y utilidades, permite detectar que los mayores montos corresponden a la fabricación de clorhidrato. En el periodo estos agregados tuvieron una reducción como resultado de la disminución de la producción de coca ilegal.

 Los recursos destinados a otros insumos como los precursores se estima que son del orden de los $us. 17 millones que en gran parte son importados o en su composición tienen un elevado coeficiente de importación, existen evidencias que el precio de los productos que sirven como precursores se cotiza de tres a cuatro veces más del precio del mercado legal.

Se estima que la economía de la coca genera empleo para 80.000 personas la mayor parte son ocupaciones en la producción de coca además,  se estima también que 57.000 personas trabajan en forma directa y, de manera indirecta involucra a 23.000 personas adicionales.

Gran  parte de las familias asentadas en las zonas productoras en particular en el Chapare, provienen de inmigraciones de los valles aledaños del departamento de Cochabamba, también son importantes los migrantes rurales de la región del altiplano. Se estima que el 40% de la población que se reporta en la zona no tiene residencia fija en la misma.

En lo que se refiere a las condiciones de vida de la población asentada en la zona de producción de la hoja de coca debe señalarse que, con relación a la situación general de Bolivia, los municipios del área del Chapare son privilegiados.

Un análisis elaborado por UDAPE arroja los siguientes datos: Chimoré tiene un Índice de Desarrollo Humano (IDH) superior al de Santa Cruz y se ubica en el número 5 en el ámbito mundial. Puerto Villarroel se ubica en el puesto 56 muy por encima de Potosí que está en el puesto 250 lo mismo que Villa Tunari que se ubica en el puesto 94.

Esta investigación confirma la hipótesis en sentido que la población asentada en Chapare tienen un estándar de vida muy bueno en relación con la media de Bolivia. Lo que echa por tierra el criterio de la supuesta gran pobreza y alto grado de marginalidad en la zona.

Los distintos aspectos que se destacaron ponen de evidencia que pese a que la economía de la coca ha reducido en forma importante su significación en la economía nacional, aun constituye un fenómeno que inercialmente puede perdurar por mucho tiempo con efectos no deseados para la economía, pues se ha visto que en las épocas de  elevada relevancia de esta actividad ha generado distorsiones importantes en diferentes precios relativos como en el tipo de cambio real que pudo estar sobrevaluado por su impacto reduciendo la competitividad  nacional.

Así mismo ha generado el desplazamiento de actividades agrícolas con perfil interesante que no podían competir con la rentabilidad de este cultivo, frustrando el desarrollo de programas agrícolas e industriales no solo en las zonas productoras de coca sino también en aquellas expulsoras.

Por otra parte, el país incurre en costos crecientes para mantener las actividades relacionadas con el control e interdicción. Estos gastos financian principalmente las remuneraciones de los efectivos policiales, militares, miembros del poder judicial y personal administrativo dedicados a contener la expansión de producción de drogas y el narcotráfico en el país, equipamiento, combustible, infraestructura de funcionamiento y otros indispensables para la lucha contra el narcotráfico.

El narcotráfico a través del derrame de recursos de manera ilegal ha cuestionado las mismas bases de la administración de justicia, ha deteriorado las expectativas de empresarios creando un grave cuestionamiento en el tejido social boliviano.

El ex viceministro de Desarrollo alternativo E. Justiniano realizo un cálculo del monto económico que mueve la economía del narcotráfico  y dijo que de 80 Ton. se pasó a más de 150 Ton. Es decir, que entre 1.500 y 3.600 millones de dólares es lo que movió el narcotráfico en la economía boliviana en el período 2006 – 2009.

 “La excesiva aparición de vehículos de lujo, de casas de lujo, o por ejemplo todas las actividades que pueden tener una informalidad (no facturan) en el manejo de dinero, es decir que no pasan por bancos”

Distorsión Económica.- Como se indicó anteriormente, la producción de coca genera distorsiones en el ámbito económico difíciles de poder cuantificar ya que genera  diversos tipos de variaciones en el sistema de precios y empleos no solo en el ámbito regional sino nacional y por consiguiente se hace dificultoso poder competir en el mercado internacional y especialmente latinoamericano. 

Por un lado, los precios de mano de obra son elevados incidiendo en los costos de producción por constituir un insumo importante en el proceso de fabricación. Esto hace que los productos bolivianos  tengan desventaja frente a otros productos  por un lado; por otro, el sistema de precios no se rige a la lógica económica, existiendo productos con precios que se hallan debajo los costos de producción o a la inversa.

Este fenómeno permite crear confusiones entre potenciales inversionistas y estas se manifiestan en la inseguridad que tiene el mismo en lo que  se refiere a la colocación de importantes capitales en el sistema productivo. Asimismo es oportuno indicar que las distorsiones económicas van acompañadas de otro tipo de distorsiones como ser en el ámbito político, social y de medio ambiente.

IMPACTOS POLITICOS:

En el ámbito político la visión internacional hacia Bolivia es negativa y tiene diversas incidencias que se reflejan en las relaciones bilaterales o multilaterales ya que toda relación aparece condicionada en busca de resultados concretos.

En el ámbito nacional el narcotráfico se constituye en un latente peligro ya que puede incrustarse en aspectos concernientes a la política interna ya sea en partidos políticos como en las estructuras estatales del poder judicial y el aparato administrativo estigmatizando aún más al país en términos de políticas internacionales,  corriendo el peligro de la descertificación con riesgos de gran magnitud para la economía boliviana.

Todos estos antecedentes han sido tomados en cuenta para comprender la magnitud del impacto político – económico al estar Bolivia inmersa dentro el circuito coca – cocaína.

VISION POLITICA NACIONAL:

Por lo anteriormente mencionado el Gobierno de Bolivia ha decidido salir del circuito del narcotráfico durante los próximos cinco años. Aspecto que no se cumplo. El gobierno debe estar consciente que este es un reto sumamente complejo y difícil de lograr pero también sabe que  no hacerlo implicaría una seria irresponsabilidad con las futuras generaciones.

La lucha contra este flagelo debe ser una lucha frontal y definitiva. Los esfuerzos a medias no solo que no llegaran a dar resultados positivos el problema mayor radica en que  debilitaran a las instituciones nacionales.

VISION POLITICA SINDICAL:

Las políticas encaradas por el gobierno frente a la  problemática de la coca- cocaína   tienden a distorsionarse en manos de organizaciones sindicales desvirtuando su finalidad y buscando el confronta miento en torno a reivindicaciones supuestamente en defensa de la clase asalariada y empobrecida del país.

Además el narcotráfico puede potenciar económicamente a las organizaciones sindicales fortaleciendo su accionar en huelgas, paros y/o bloqueos llegando a crear situaciones de inestabilidad social y política en el país; llegado el momento estaría en condiciones de confrontar a todos los estamentos de la sociedad por supuestas reivindicaciones sociales.

Finalmente, los líderes sindicales con aportes económicos del narcotráfico utilizarían  sus funciones como plataforma de lanzamiento a la política nacional desplazando a líderes potenciales de intachable capacidad.

IMPACTOS SOCIALES:

La extrema pobreza de las zonas expulsoras fue en su momento el único motivo para la migración masiva de campesinos al trópico, muchos de ellos con amplio bagaje sindicalista minero, de una escuela anárquica, que se han especializado en conseguir como minoría ruidosa protagonismos e imagen para sacar provecho del conflicto. La mayoría de los migrantes, fueron agricultores que dejaron sus tierras de origen para encontrar en el Trópico cochabambino un rápido alivio a sus penurias. Con el tiempo se convirtieron en colonos a los que se les pagaba por sembrar coca y después, por destruir lo que habían sembrado, con una lógica simple y aritmética de ganancias, adentrados en una desigual lucha contra la sociedad y ganándole pequeñas batallas al estado.

La producción de coca- cocaína, origino constantes migraciones de los pobladores de áreas deprimidas del departamento de Cochabamba y otras regiones del país hacia el Trópico, en busca de mejores perspectivas económicas habiendo  involucrando de esta manera en el proceso ilícito de esta actividad, a una buena  cantidad de su población asentada en esta zona  de manera directa e indirecta, estimándose la generación de ingresos para aproximadamente 35.000 familias productoras de coca.

El cumplimiento de las metas de reducción y de erradicación  de los cultivos  excedentarios e  ilícitos, establecidos en la Ley 1008, en algunos casos ha ocasionado un clima de violencia e ingobernabilidad en las zonas de producción excedentaria  en transición, generando serios conflictos  entre los cocaleros y el Gobierno.

Este fenómeno ha generado la regresión  de los valores ético/morales en la población distorsionando las características de su sistema social comunitario. Además esta situación, genera violencia en la región y acentúa los conflictos sociales.

IMPACTOS MEDIOAMBIENTALES:

La implantación  de cultivos excedentarios e ilícitos de hoja de coca ha generado en Bolivia impactos negativos sobre el equilibrio ecológico preexistente. La mayoría de los cultivos excedentarios se los realizó en las áreas de colonización del Trópico de Cochabamba y La Paz, en tierras frágiles y de difícil acceso. También se han detectado cultivos ilícitos de hoja de coca y pozas de maceración para  la producción de cocaína  en las áreas de reserva forestal de los Parque Nacionales del trópico de Cochabamba, los que se encuentran en serio peligro por los efectos negativos que ocasiona a los recursos de la biodiversidad.

En el circuito coca – cocaína, la lógica de esta producción se encuentra orientada a la maximización de beneficios en el menor tiempo posible, generando prácticas agrícolas  depredadoras, expresadas en la tala indiscriminada de los bosques tropicales  y subtropicales, en la quema de  la cubierta vegetal con el consiguiente perjuicio  ecológico, en la destrucción  del paisaje, en la destrucción de nichos ecológicos, en la erosión y empobrecimiento de los suelos agrarios, en la destrucción de la fauna y flora. Añadiéndose a ello la contaminación del subsuelo y los ríos por el uso indiscriminado de agentes químicos y por la acción nociva de los precursores, con el consiguiente impacto negativo en el medio ambiente.

Por otro lado, el elevado nivel de pluviosidad, la acidez del suelo y toxicidad de aluminio, y los problemas físicos de drenaje que se presentan en las tierras bajas, muestran a la cuenca del trópico de Cochabamba, como un ecosistema frágil donde la cobertura vegetal juega un rol de primer orden en la conservación del suelo. Por consiguiente, es necesario entender el ecosistema  de dicha cuenca como bosque, elemento central para la sostenibilidad de los procesos productivos, de la infraestructura y del desarrollo en general. Esta afirmación, no se opone al desarrollo de la agricultura de la zona, sin embargo, plantea la necesidad de incorporar prácticas orientadas al manejo integral del ecosistema.

La principal riqueza del Trópico de Cochabamba es la biodiversidad, expresada en los recursos forestales, el germoplasma existente susceptible de ser aprovechado en la investigación, el cultivo y la conservación, la fauna terrestre y acuática, los recursos hídricos, sobre todo en las zonas altas de la cuenca y finalmente, el paisaje.

Durante los últimos 40 años, la producción de la hoja de coca y las prácticas agrícolas de subsistencia han provocado la deforestación extensiva del trópico de Cochabamba. A medida que la fertilidad de los suelos decae rápidamente en áreas ya desmontadas, el campesino se ve obligado a talar y quemar año tras año nuevas parcelas de bosque  primario o secundario en lugar de asumir prácticas agrícolas sostenibles o invertir en insumos agrícolas para mantener la fertilidad del suelo. Esta tendencia se debe, por un lado, a la falta de experiencia y al desconocimiento limitado del campesino acerca de las
Prácticas agrícolas en zonas tropicales húmedas y, por otro, a que el valor de los recursos forestales es tomado a menos por el campesino. Este círculo vicioso de “desmonte- quema- producción- abandono” es frecuentemente agravada por la adopción del monocultivo de la coca y consecuentemente la agricultura migratoria.

Las consecuencias económicas y ambientales del actual ritmo de deforestación son evidentes en muchas áreas del trópico. En pequeñas propiedades, la deforestación ocurre cada año, de manera que los agricultores cada vez cuentan con menos áreas boscosas para tumbar y quemar, cuya consecuencia es la reducción de los periodos de barbecho entre los ciclos de cultivos y la disminución del rendimiento de producción de  los cultivos. La eliminación de la vegetación forestal en pendientes accidentadas y llanuras resulta en una grave erosión de los suelos, la inundación y la sedimentación de los cursos de agua. Tomando en cuenta la riqueza de flora y fauna en la región, el impacto de la deforestación en la biodiversidad del trópico es,  sin duda, significativo, aunque no se han realizado estudios científicos al respecto.

La coca es un cultivo esquilmante de los nutrientes del suelo, que no admite competencia con otros cultivo o maleza, requiriendo limpiezas periódicas. Estas labores culturales dejan el suelo desprotegido de los rayos del sol, la lluvia y viento permitiendo pérdidas de materia orgánica, el lavado de nutrientes  y compactación, con la consiguiente reducción en los niveles de fertilidad de la tierra.

Los cultivos de hoja de coca dañan el medio ambiente, en particular los suelos, porque además de esquilmar sus nutrientes, tienen la virtud de concentrar iones potencialmente tóxicos, aspecto que es agravado por las prácticas culturales de los cultivos que evitan la recirculación de los nutrientes.

A fines de la gestión 1998, se estimaron que en el trópico de Cochabamba, existían alrededor de 23500 Has. de cultivos de hoja de coca, superficie que se encuentra sufriendo un proceso acelerado de reducción de su fertilidad para la habilitación de otros cultivos, afectando negativamente el proceso de Desarrollo Alternativo en la zona.

Sin embargo, es importante destacar que el proceso de erradicación de cultivos excedentarios está jugando un rol importante en la protección del medio ambiente. Se debe recordar que en el año 1987, la superficie de cultivos de hoja de coca excedentaria ascendía a 59751 Has. Cifra que se redujo en un 59% para el año 1996.

Paralelamente a la producción de la pasta base las aguas de los ríos de la región así como la flora y fauna pertenecientes a estos,  sufren  la contaminación sistemática de productos químicos que a la larga disminuye la demanda de oxigeno de este ecosistema debilitándolo.

La fabricación de sulfato base de cocaína, se realiza en laboratorios rústicos que son preparados generalmente cerca de las fuentes de agua, utilizando material plástico y envases de este mismo material en las pozas de maceración. Además  de la hoja de coca, se utilizan: ácido sulfúrico, cal apagada, Kerosene, gasolina, diesel, permanganato de potasio, amoníaco, etc. Una gran cantidad de estos productos, luego de su utilización son vertidos en los ríos del Trópico de Cochabamba.

A nivel nacional, se tiene un potencial de hoja de coca  de 52.900 toneladas. En el Trópico de Cochabamba, el 95% de esta producción está destinada a la elaboración de clorhidrato de cocaína estimada en  150 toneladas (fuente: departamento de Estado de los E.E.U.U., estadísticas 1998).

La producción de esta cantidad  de droga, demanda el uso de 493.953 litros de ácido sulfúrico, 1.647.000 kilos de cal, 1.646.511 litros de kerosene, gasolina y/o diesel, 32.930 kilos de permanganato de potasio y 1.640.651 litros de amoniaco.

Estos precursores, luego de su utilización terminan mezclándose con las aguas de los ríos y están afectando seriamente al medio ambiente. La cal y el ácido sulfúrico modifican el pH de los suelos y aguas, afectando negativamente, tanto la capacidad productiva de los suelos, como la vida acuática.

Por otro lado la demanda de coca para la industria de las drogas, tiene como efecto directo la presión sobre las Reservas Forestales,  Parques Nacionales y territorios Indígenas que en el afán de buscar nuevas tierras para el cultivo de la hoja no miden consecuencias, originando el deterioro  del ecosistema. 

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